jueves, 26 de marzo de 2026

Reflexiones-Plan de Vida


La importancia de tener un plan de vida


Todo viaje inicia de la misma forma, haciendo un plan; recuerda cuando fue la última vez que te fuiste de vacaciones; es asombroso como en algunas ocasiones invertimos una gran cantidad de tiempo en planificar un viaje de este tipo, ¿a dónde ir, dónde hospedarse, cómo llegar, qué lugares visitar, el presupuesto con que disponemos, en qué fechas?; y tantos otros detalles; y es aún más asombroso si lo comparamos con el poco tiempo que invertimos en planificar un viaje de mucha mayor importancia y duración; nuestras propias vidas; esto sucede porque muchos no creemos tener la posibilidad ni la capacidad de modificar nuestro destino, pensamos que todo ya está escrito y, que hagamos lo que hagamos, nada va a cambiarlo, y por lo tanto no invertimos tiempo alguno en planearlo, nos conformamos con lo que va apareciendo en el día a día de nuestra vida. Otros simplemente no tenemos, o no sabemos cómo adquirir o construir una visión propia para la vida, no vamos más allá de las ideas de bienestar general y comodidades que la sociedad y la época en que vivimos nos enseñan como deseables, aquellas que como todo ser humano deseamos tener, y solo vamos reaccionando ante lo que nos va apareciendo; si acaso nuestra planeación se limita a las siguientes semanas o meses. Otros, por costumbre, falta de confianza, o simplemente por comodidad, dejamos que alguien más decida por nosotros, generalmente nuestros familiares o amigos; que nos indiquen que carrera estudiar, con quien formar una pareja, donde vivir, que ellos decidan y nosotros solo seguimos su plan, y sin embargo, es nuestra vida, tenemos que hacernos cargo para construir algo que valga la pena, algo nuestro; y para esto hay que ir más allá, hay que pensar en el largo plazo;  hay que utilizar todos nuestros recursos, hacer un esfuerzo consciente para determinar el rumbo específico que debemos seguir en la vida, un destino hacia el cual dirigirnos; definir qué es lo que queremos, cuándo lo lograremos, y la manera en que vamos a hacerlo.
 

Sin tener antes una visión bien clara de lo que deseamos es imposible preveer lo que necesitamos para lograrlo. Si no tenemos claro el destino al que deseamos llegar, tampoco podremos determinar que habilidades, conocimientos, tiempo o dinero son necesarios para tratar de alcanzarlo; y de esta forma podemos llegar a los 40, 50, o 60 años con la sensación de que no hicimos nada significativo, que algo hizo falta en nuestra vida; de que pudimos haber logrado mucho más y perdimos la oportunidad y el tiempo; de que nos vendimos por unos centavos pudiendo haberle pedido a la vida mucho más de lo que recibimos.
 

Tener una visión para la vida y fijar metas y objetivos para alcanzarla se puede comparar con la elección que hacemos de un destino para las vacaciones y los planes necesarios para llegar allí. El problema es que la mayoría de nosotros pasamos más tiempo planificando cosas sin importancia que el que le dedicamos a planear nuestras vidas; planeamos la reunión con nuestros amigos de la siguiente semana, una salida al centro comercial, adquirir algún nuevo videojuego o un teléfono inteligente y otras semejantes; el problema no son el tipo de actividades que realizamos, el problema es que al no estar relacionadas con un plan de vida podemos estar desperdiciando una cantidad importante de tiempo y de recursos en ellas. Y así vamos pasando los años, preocupándonos solamente por cubrir nuestras necesidades básicas, o por cosas que, al no tener un rumbo fijo, no nos conducen a nada, y sin embargo, seguimos esperando que algún día las cosas sean mejores, ¿pero, como van a cambiar si no sabemos a dónde queremos ir?
 
Al igual que en las vacaciones, donde la elección del destino es lo más importante y lo primero que hay que hacer para la planificación del viaje; en la vida, lo más importante es saber hacia dónde dirigirnos; tener una visión para la vida; una imagen lo más clara posible de lo que queremos lograr en el futuro.
 

Algo que ignoramos muy seguido en la carrera del día a día es que nuestro principal recurso no son los bienes que poseemos o el capital que tenemos, sino nuestro tiempo. Mientras nos esforzamos en cumplir con nuestras actividades diarias, con todo aquello que no está conectado con las metas y objetivos de una visión de vida, el tiempo sigue avanzando y no se detiene por nada ni por nadie. ¿No sería de mucho mayor provecho si enfocamos todos estos esfuerzos en seguir las metas y objetivos que nos lleven en un rumbo preestablecido por nosotros mismos?..., ¡claro que sí!
 
Vamos a reflexionar por un momento el seguir actuando en la vida sin tener claridad sobre a dónde queremos llegar y por lo tanto, sin las metas y objetivos necesarios para alcanzar nuestra visión y hagamos la siguiente pregunta:
¿Cómo será nuestra vida dentro de 5, 10 o 20 años más?


Cada uno de nosotros somos responsables por las elecciones que hacemos en la vida y uno de los remordimientos más grandes que podemos tener en el futuro no es por lo que hicimos mal, sino por lo que no hicimos. Por eso hay que diseñar lo mejor posible nuestro plan de vida y dedicarnos conscientemente a elaborar también el plan de metas y objetivos para alcanzar esa visión que tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón, y hacer todo lo posible para lograrlo.
 

¿Cómo podemos adquirir una visión para la vida?
Tomemos un tiempo para reflexionar sobre lo que más deseamos, para esto hagamos las siguientes preguntas:
-¿Qué es lo más importante para mí?
-¿Qué propósito tiene lo que estoy haciendo?
Si logramos contestar sinceramente estas preguntas vamos a tener la claridad suficiente para planear nuestro futuro y esto, junto con las metas y objetivos para lograrlo, nos va a dar las energías necesarias para levantarnos diariamente y continuar trabajando hasta alcanzar cada una de esas metas y lograr nuestra visión de vida.
 

La vida tiene mucho que ofrecer, ¿por qué conformarnos con mirar como otros logran lo que se proponen?, ¿por qué no tomar la parte que nos corresponde de éxito y felicidad de la misma manera en que lo hacen ellos? 
Pensemos en grande y no nos dejemos limitar por nuestra situación actual, ni por opiniones de amigos, o familiares; no nos quedemos solo con la idea de lo que consideramos posible alcanzar; no permitamos que nada ni nadie limite nuestros sueños.
Trabajemos en adquirir una visión de la vida que sea emocionante para nosotros y que valga la pena seguir, sin importar los obstáculos que encontremos. A medida que caminamos en una vida con propósito y visión, nuestra mente se abre y ya no va a encontrar las cosas tan difíciles de lograr y cualquier obstáculo que se presente lo vamos a considerar solamente como una oportunidad de aprendizaje.
Una vez que tengamos la visión de lo que deseamos lograr para el futuro, vamos a cuantificarla y a ponerle fecha; por ejemplo, no basta con querer alcanzar la independencia financiera, tenemos que ponerle cifras y un límite en el tiempo; la libertad financiera para algunos es vivir sin deudas, para otros es ganar $ 1,500,000 de pesos al año y otros piensan que tener 30 millones de dólares apenas es suficiente.
Una vez que establecimos nuestra visión vamos a fijar metas de corto, mediano y largo plazo donde establezcamos cifras y fechas de cumplimiento; esto nos permitirá evaluar nuestros progresos en el camino hacia el logro de nuestra visión; recordemos que una meta solo es un sueño con una fecha  y que depende principalmente de nosotros mismos que se realice o no.
 

Vamos a obligarnos a salir de nuestra zona de comodidad; a la mayoría no nos gustan los cambios; sin embargo, siempre aprenderemos más y desarrollaremos nuestras habilidades y nuestra capacidad de superación cuando enfrentemos situaciones desconocidas y complicadas que demanden esfuerzos adicionales. 
Sin batalla no hay victoria, y sin trabajo no hay recompensa..., ¿simple no?

Es probable que, mientras lees esto, algo despierte en tu interior; que tome fuerza el deseo de cambiar las cosas, de lograr más y de vivir con un propósito bien claro; vamos a poner atención y escuchar con cuidado esa voz interior, no ignoremos estos sentimientos; vamos a empezar hoy, el tiempo está en marcha y avanza sin detenerse 

¡Muévete, la vida no es eterna...!


 ¡Libera tu potencial...!
 
 
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Pide (de manera correcta) y Recibirás

La forma correcta de pedir


Hay una verdad que llega al final del camino, cuando el cuerpo ya no puede más y el horizonte se vuelve recuerdos. La reflexión de una persona en los últimos años de su vida, una verdad que siempre estuvo ahí, esperando a ser escuchada:
Le pedí a la vida un centavo, y eso fue lo que me dio, porque la vida es buena, y siempre te da lo que le pides. Trabajé por un salario de miseria y ahora, al final de mis años, descubro que cualquier precio que le hubiera pedido, la vida me lo hubiera pagado de buena gana.


A lo largo de la vida se presentan innumerables ocasiones en las que pedimos algo, una vida mejor, una casa más grande, un auto nuevo, un mejor ambiente para nuestra familia; y muchas otras cosas, pero, lo pedimos en silencio, lo pedimos a gritos, lo pedimos a Dios, al destino, a la suerte pero, rara vez nos detenemos a preguntarnos; ¿Cómo pedimos,  para recibir lo que deseamos?, la mayoría de las veces no lo hacemos de la manera correcta, en ocasiones en lugar de pedir, exigimos, y lo hacemos sin haber hecho antes lo necesario para recibir lo que deseamos; como si el universo tuviera una deuda con nosotros;  y esto, casi siempre, trae como consecuencia que no obtengamos lo que pedimos; pero, ¿Qué significa pedir y porqué la mayoría de las ocasiones nos cuesta tanto trabajo hacerlo?, ¿Cuál es la manera correcta de pedir?

La necesidad de pedir nace cuando necesitamos o deseamos algo que por nuestros propios esfuerzos sería difícil de lograr; un buen trabajo, un sueldo justo, gozar de buena salud, un mejor lugar para vivir; mayor atención de nuestra pareja, el apoyo de nuestra familia, un mejor futuro y seguridad para nuestros hijos, etc., es entonces cuando pensamos en pedir.

Pero muchos no lo hacemos, el orgullo nos cierra la boca ante que las palabras puedan salir, porque nos haría ver débiles; ¿pedir yo?, ¡ni pensarlo!, ¡no necesito ayuda!, ¡el que pide ayuda es débil o no puede!, ¡no quiero deberle favores a nadie!; Otras veces no pedimos por miedo al rechazo; ¿y qué hago si me dicen que no?, ¡no quiero dar molestias!, ¡seguro me van a decir que no!, ¡ya lo he intentado y nada!. Y algunas ocasiones, por una baja autoestima; ¡no creo merecerlo!, ¡mejor que quedo como estoy!, ¡no vale la pena intentarlo!, ¡me da vergüenza pedir!, ¡no tengo los méritos suficientes!; ¡sería demasiado para mí!.; Sin embargo, el universo siempre escucha; el problema es que escucha todo, no solo las palabras que pronunciamos, sino también los pensamientos y creencias que alimentamos, las actitudes y hábitos que cultivamos aún sin darnos cuenta; y aquí está la verdad que pocos queremos ver: Todo lo que hemos recibido en la vida, bueno o malo, lo hemos pedido de alguna forma; no siempre de manera consciente, pero lo hemos pedido.


En ocasiones recibimos cosas y situaciones que de pronto ahí están, como si salieran de la nada; nos llegan deudas, problemas, enfermedades que llegaron sin llamar, desilusiones, oportunidades perdidas; y sin embargo; todo lo que llegó, seamos conscientes o no de ello, es porque de alguna forma lo hemos pedidoestamos pidiendo en todo momento, tal vez no lo hacemos de manera directa, pero lo hacemos a través de nuestros pensamientos, actitudes, y palabras; el mismo hecho de no querer pedir, por cualquier razón válida o no, es una declaración de que no confiamos en recibir algo y por eso no lo pedimos. Esto no es un castigo, es una ley, la misma ley que puede transformar nuestra vida si aprendemos a usarla.

Se habla mucho de la ley de la atracción, del poder creador que tienen nuestra mente a través de los pensamientos y creencias en nuestra vida; y es verdad, la mente es el instrumento más poderoso que tenemos para obtener todo lo que deseamos, ya sea de manera consciente o subconsciente, así ha funcionado siempre. Lo que pensamos de manera sostenida, con convicción y con emoción, tiende a convertirse en realidad; así ha funcionado siempre, mucho antes de que alguien le pusiera nombre; deberíamos reflexionar un poco sobre esto; tal vez lo único que necesitamos para obtener lo que deseamos es dominar nuestros pensamientos, mantenerlos fijos en nuestra mente, con fe, en aquello que queremos crear, hasta que se convierta en realidad.


Cada uno de nosotros es el responsable directo de lo que recibe en la vida; imaginemos por un momento a una persona que toma, fuma, se desvela, no hace ejercicio, no se alimenta de manera adecuada, tiene una actitud negativa ante la vida, siempre se está quejando de todo y de todos, no se lleva bien con las personas, no se preocupa por su desarrollo personal y no tiene cuidado al realizar su trabajo?; esta persona, aún sin hacerlo de manera voluntaria y consciente, está exigiéndole a la vida que le traiga problemas, y al final es exactamente lo que recibe, y no fue culpa del destino, la mala suerte, o los demás, fue él mismo.

Reflexionemos sobre las siguientes preguntas; ¿estamos conformes con lo que hemos recibido de la vida hasta ahora?, ¿queremos lograr un cambio positivo en nuestra vida?, ¿queremos un mejor futuro para nuestra familia?, ¿deseamos tener mayor éxito personal y profesional?; y la pregunta más importante de todas, ¿le estamos pidiendo a la vida todo esto de la manera correcta?; si la respuesta es no, aún hay tiempo, la posibilidad está abierta, y quizá es el momento para empezar a pedir de la manera correcta, reconociendo lo expresado anteriormente, que todo lo que recibimos bueno o malo, nosotros somos los únicos responsables de ello.

En el proceso de pedir y lograr lo que deseamos hay que reconocer algo fundamental; no somos islas; vivimos en un mundo de interdependencia, donde todos dependemos de todos, donde los resultados logrados son una combinación de esfuerzos propios y esfuerzos ajenos; y para lograr que nuestra petición sea escuchada debemos solicitarla de la manera correcta.


¿Qué pasa si no pedimos de manera adecuada?
Perdemos oportunidades; solo conseguimos lo que podemos hasta el límite de nuestras propias capacidades; quienes nos rodean nos perciben como soberbios y arrogantes, en el trabajo vivimos sobrecargados de actividades, porque queremos hacerlo todo nosotros, no tenemos con quién compartir ideas, no logramos conseguir los recursos necesarios ni abrir caminos hacia el éxito personal ni profesional; no construimos vínculos que nos ayuden a crecer; y el resultado final es que difícilmente lograremos lo que deseamos; y cuando no recibimos lo que esperamos nos sentimos defraudados y es casi seguro que culpamos a todos menos a nosotros 

En ocasiones, al expresar lo que deseamos no somos específicos, decimos “que calor hace”, esperando que alguien encienda el ventilador;  si no somos claros en lo que deseamos el universo tampoco puede serlo en su respuesta.

Otras veces no pedimos; ordenamos y exigimos y esto trae como consecuencia un rechazo casi inmediato, no porque no lo merezcamos, sino porque la manera de pedirlo cierra las puertas antes de que puedan abrirse.

Pero el error más común es que la mayoría de las veces pedimos sin haber creado antes las condiciones para recibir, es decir que queremos recibir sin dar nada a cambio, con el mínimo, o nada de esfuerzo; queremos cosechar sin haber sembrado, deseamos un ascenso sin haber demostrado que lo merecemos

¿Cómo se pide correctamente?
Primero hay que crear las condiciones necesarias para que nuestra petición sea escuchada y aceptada; tener bien claro que vamos a dar a cambio a quien aceptará nuestra petición, cual es la ventaja para ella, porque le interesaría darnos lo que solicitamos; la petición que no ofrece nada a cambio, difícilmente será aceptada.


Si solicitamos un aumento de sueldo, o un mejor puesto en el trabajo, la mejor forma de crear estas condiciones sería llegando siempre a tiempo, haciendo un trabajo excelente, aportando ideas para mejorar los procesos, manteniendo una actitud positiva, apoyando a nuestros compañeros, observando lo que necesitan nuestros clientes internos; manteniendo una actitud que invite a decirnos que sí; hay que considerar que esto no garantiza el resultado, pero elimina todos los  pretextos para negarlo.

Si eres joven y quieres que tus padres confíen en ti, que te presten el automóvil, que te den más libertad, la mejor forma de crear las condiciones adecuadas está en tus acciones cotidianas; estudia, mantén tu habitación en orden, no regreses tarde, practica algún deporte, no tomes, no fumes, maneja con cuidado, los hechos hablan más que las palabras; pero normalmente hacemos lo contrario y luego nos molestamos porque no obtenemos lo que pedimos.


Pedir de buena manera
Sin exigir ni ordenar, como ejemplo recordemos como conocimos a nuestra pareja, primero tuvimos que conocerla, saber sus gustos, esforzarnos por agradarle, mostrar lo mejor de nosotros, nos tomó tiempo, atenciones, conversaciones, detalles; inclusive llegamos a cambiar algunas cosas de nuestra forma de ser con tal de agradarle y lograr su aceptación; entonces, ya conocemos la respuesta, hay que poner la misma dedicación cuando vamos a pedir algo.

Sentir que merecemos lo que pedimos
Sin esta convicción no vamos a tener la seguridad para pedir lo que deseamos, debemos creer de corazón que lo que pedimos es justo, que hemos trabajado para ello y que lo podemos recibir, esta seguridad nace de las acciones realizadas previamente, cuando se han creado las condiciones necesarias para recibir lo que pedimos; de esta manera la confianza llega sola; es la recompensa natural

Aceptar negativas
Entender que aun cumpliendo con todo lo anterior puede haber una negativa, el universo a veces tiene otros planes; y un "no", no significa que no merecemos lo solicitado, significa que hay otro camino, otra puerta, otro momento; el "no", abre siempre el paso a una negociación, y la negociación bien llevada abre nuevas posibilidades.


¡En resumen, para recibir, primero hay que dar…!


No hay nada que pueda cambiar nuestro pasado, las decisiones tomadas nos han llevado hasta este momento de nuestra vida; pero el futuro tiene una infinidad de posibilidades que podemos seguir; la elección dependerá siempre del objetivo al que deseamos llegar y de las decisiones que vayamos tomando, por eso es tan importante tenerlo bien definido, después de eso, los caminos se reducen.

¡Libera tu potencial…!

miércoles, 18 de marzo de 2026

Historias de misterio-El poder de las palabras


El poder de la mente y las palabras

Permítame iniciar con una afirmación que, a primera vista, podría parecer ilógica, algo fuera de la realidad: "Las palabras (sonidos) pueden matar", no en sentido metafórico que utilizamos cuando decimos que la crítica destruye, sino en un sentido que, si no es literal, se acerca peligrosamente a serlo; más adelante regresaré a esta afirmación pero, primero, el contexto.

Desde la antigüedad, las leyendas y metáforas se han utilizado como un medio para transmitir conocimientos; algunas veces, de forma encubierta; lo que los expertos en comunicación llaman "transmisión cifrada", que consiste en esconder una verdad, o una instrucción dentro de un relato inocente; encontramos ejemplos en obras como las mil y una noches, en los relatos de las fábulas y cuentos; o en la biblia, de la que se dice que oculta conocimientos secretos que no deben estar al alcance de todos y que se pueden interpretar mediante la ayuda de un código secreto; Isaac Newton, a quien recordamos por la ley de la gravedad y el cálculo diferencial, dedicó más años de su vida a tratar de encontrar este conocimiento oculto en los textos bíblicos que a la física; no era superstición, sino la convicción de que la biblia funcionaba como un código, y que detrás de sus narraciones existía un sistema de conocimientos que alguien, en algún momento, había decidido proteger ocultándolo a simple vista; "el que tenga oídos que oiga", es una frase que se encuentra en los evangelios y el apocalipsis
 
Dentro de estas leyendas, algunas hablan sobre magia, encantamientos y hechizos; es algo que siempre me pareció fascinante desde el punto de vista intelectual; y me llevó a preguntarme si pudo haber algo de verdad en estas historias; ¿tuvieron un origen real, o solo fueron producto de la imaginación?, ¿qué sucede si determinadas palabras pronunciadas de una forma especial afectan, a voluntad, la realidad física; ¿no es este acaso el mismo principio que hay detrás de las oraciones religiosas, las invocaciones y de los mantras?; palabras especiales, pronunciadas de cierta forma para solicitar a los Dioses un favor.
 
También se menciona que este tipo de conocimiento mal aplicado puede implicar riesgos para quien quiera ponerlo en práctica; hay textos de la biblia que prohíben realizar invocaciones y consultar adivinos; también recuerdo haber leído sobre un mago francés Eliphas Levi, considerado el creador del ocultismo moderno, quien describe una experiencia personal y advertía de los peligros de estas prácticas. 
El monje tibetano, el sacerdote egipcio, el brahmán védico y el rabino cabalista; todos ellos coinciden en que el lenguaje (sonidos), pronunciado bajo condiciones especiales de entonación, intención y contexto, pueden afectar el mundo físico

¿Realidad o superstición?; haciendo a un lado el hecho comprobado de que los sonidos tienen efectos sobre la materia y, volviendo a la afirmación inicial de que "Las palabras pueden matar"; ya hace muchos años, la búsqueda de nuevos conocimientos y la curiosidad sobre este tema me llevaron a protagonizar una situación bastante perturbadora y ahora lo digo por experiencia propia; "hay ocasiones en que deberíamos mantener la boca cerrada para no meternos en problemas"
La siguiente historia es real y demuestra el poder que encierran las palabras, o tal vez los efectos  del condicionamiento y la sugestión y, espero que también de advertencia sobre el cuidado que debemos tener con algunos conocimientos...
 
Hace tanto tiempo que sucedió esto que… en ocasiones, cuando me acuerdo, he llegado a pensar que solo fue producto de mi imaginación o que mi memoria ha distorsionado los hechos en algo que cualquier persona lógica se negaría a aceptar como real…
 
Esto sucedió cuando tenía 16 o 17 años; recuerdo que estaba recostado leyendo un libro sobre enigmas y costumbres del Tíbet, un libro de los que circulaban en aquellos años entre lectores curiosos, no exactamente un texto académico, ni tampoco novela popular, el texto hablaba de costumbres y enigmas tibetanos, especialmente de una práctica que en los monasterios habían cultivado durante años; la ceremonia de transferencia de consciencia que se realizaban para ayudar a las personas que se encontraban cerca de la muerte a pasar por este trance de una manera tranquila y sin dolor alguno; señalaba que en algunos monasterios del Tíbet se entrenaba durante años a algunos monjes para pronunciar unos sonidos especiales que abrían el orificio de Brahama en el cuerpo de la persona afectada y permitían escapar la energía vital sin sentir dolor alguno; guiando al fallecido hacia un renacimiento superior; después de leerlo recuerdo que lo primero que se me ocurrió fue, como tal vez estén pensando algunos de ustedes; ¡si, si, como no!, ya parece que con solo pronunciar unas palabras de la forma que dicen, mi alma o mi energía vital se va a escapar de mi cuerpo; tratando de encontrarle alguna lógica, pensé que solo se trataba de algún proceso sicológico para tranquilizar a las personas que están en esa situación; una forma de sugestión para tranquilizar al agonizante; seguí leyendo las instrucciones que mencionaba el libro sobre la pronunciación y, con total incredulidad, para demostrarme que no pasaría absolutamente nada, sin pensarlo mucho, pronuncié las palabras que señalaba el libro de la manera indicada; a pesar del tiempo transcurrido, lo que pasó a continuación lo recuerdo con toda claridad; casi de inmediato empecé a sentir un hormigueo en todo el cuerpo, sentí como si me desvaneciera y algo que debería permanecer dentro de mí estuviera siendo llevado hacia afuera; después vino una sensación de caída, no hacia el suelo, sino hacia atrás, hacia un abismo; y con ella, un pánico ciego, visceral, el tipo de miedo que sientes cuando reconoces el peligro antes de que la mente pueda procesarlo; salté de la cama y corrí hacia el patio, en el centro había un deposito con agua en el que metí la cabeza, llené una cubeta y me la vacié encima, al agua fría disminuyó la sensación, pero no la eliminó, no desapareció; ni siquiera el frio del agua en el cuerpo consiguió eliminarla completamente.
 
Lo que pasó el resto de aquel día no lo recuerdo, y en las siguientes semanas es un poco confuso; lo que si recuerdo es que todos los días me la pasaba acostado, adormilado, sin levantarme y con un cansancio enorme, mi madre me despertaba durante el día para comer algo y apenas si probaba los alimentos; por ese tiempo mi abuela, con quien había vivido varios años cuando era pequeño, llegó a visitarnos y en cuanto entró a la habitación y me vio, se puso a llorar, yo había bajado como 6 kilos de peso en menos de dos semanas y ella, con el conocimiento que da la edad y el haber visto todo tipo de cosas, le dijo a mi madre que me veía muy mal, y que si no hacían algo me iba a morir, lo alcancé a escuchar; y recuerdo que mis pensamientos no fueron de miedo, sino de algo más parecido a la tristeza; ¡no voy a conocer a la persona con quien debería compartir mi vida!; ¡no voy a tener la oportunidad de formar una familia, de conocer a mis hijos!; ¡no voy a volver a ver a familiares ni amigos!; ¿hasta aquí llegó todo?.
 
Mi abuela y mi madre recurrieron a una curandera, me rociaron con alcohol y gritaron mi nombre con fuerza -un procedimiento que en algunas tradiciones populares de América Latina se utiliza para "llamar el alma" de quien ha sufrido un fuerte susto- y realizaron el ritual completo; y algo funcionó, pues poco a poco recuperé el apetito, el peso y la energía, pero aun cuando me recostaba y cerraba los ojos, la sensación de caída regresaba; esto me afectó todavía como medio año; cuando me sentí mejor volví a buscar el libro que había originado todo el problema, pensé en quemarlo para que no fuera a caer en manos de alguno de mis hermanos y evitar que pudieran pasar por la misma experiencia, lo busqué por todas partes, entre mis cosas, en el closet, en las maletas, en cada rincón de la casa, pero no lo encontré; había desaparecido; con el tiempo me olvidé de él, pero no de la experiencia sufrida.
 
3 años después, estábamos desmontando la cama de mi habitación, se la íbamos a pasar a uno de mis hermanos menores; al estar desarmando la cama vieja, de repente apareció el libro, escondido en una de las piezas en las que sería muy difícil que alguien lo hubiera encontrado; lo recogí con algo de miedo y lo guardé sin decir nada; los siguientes días los pasé reuniendo el valor suficiente para leerlo nuevamente; cuando por fin pude hacerlo, la primera parte del libro era exactamente como la recordaba, pero algunos capítulos que estaba seguro de haber leído ya no estaban; la parte donde se enseñaba a los monjes a controlar su temperatura corporal mediante ejercicios en los que secaban sábanas mojadas con el calor de su cuerpo había desaparecido; la parte de una ceremonia donde comían los sesos de un mono, directamente de su cráneo con una cuchara de plata, como si fuera un helado; tampoco aparecía, el capítulo que describía como se practicaba la levitación con unas cadenas atadas al cuerpo, los viajes astrales y otras parecidas no se encontraban por ninguna parte; tampoco estaban las instrucciones sobre cómo pronunciar las palabras para liberar la energía vital; ¿Qué fue lo que sucedió?
 
Todavía hoy, después de tantos años, sigo preguntándome lo mismo; ¿Qué sucedió?; entiendo que mi mente buscó protegerse olvidando el lugar donde había escondido el libro, pero lo que no entiendo es como desapareció lo que según yo había leído; la explicación lógica es que tal vez mi memoria mezcló los recuerdos de otras lecturas pero, recuerdo que, en su momento, hice una revisión cuidadosa y no tenía ningún libro sobre estos temas, por lo menos no como recuerdo haberlos leído; otra explicación, por más ilógica que se escuche, sería que realmente una parte de mi energía vital abandonó mi cuerpo y al regresar haya traído consigo conocimientos y experiencias desconocidas, en fin, creo que siempre será un misterio.
 
 
El tema volvió a mi memoria unos años después, mientras leía una publicación sobre mantras, en la que se advierten los riesgos de una mala pronunciación de los mismos y señalan que se han dado casos en que quienes los practican han muerto de manera instantánea debido a una mala pronunciación.
 
¿Qué fue lo que sucedió, sugestión, condicionamiento mental?; seguirá siendo un misterio; pero de algo estoy bastante seguro, lo que sentí; los efectos de lo que hice si fueron reales y, si mi madre y mi abuela no hubieran hecho algo, no estaría aquí contándolo. La sugestión y el condicionamiento mental pueden afectarnos físicamente, nos pueden enfermar y, en ocasiones, literalmente, matar. 
Los efectos de la magia, los encantamientos, hechizos, bendiciones y maldiciones; buena y mala suerte, descansan sobre las mismas bases...; el poder de una mente condicionada; lo que creemos crea nuestra realidad, y eso, al menos, no es un misterio
 
En cuanto a las palabras en cuestión, no las escribiré aquí, no porque crea con certeza que son peligrosas, sino porque la probabilidad de que lo sean, aunque pequeña, me parece suficiente razón para callarlas; soy, después de todo, una persona que ha aprendido manera directa a respetar lo que no comprende.

 

¡Libera tu potencial…!


Condicionamiento mental
http://rbb-desarrollo.blogspot.com/2014/01/mente-condicionamiento-y-sugestion-como.html