El poder de la
mente y las palabras
Permítame iniciar con una afirmación que, a primera vista, podría parecer ilógica, algo fuera de la realidad: "Las palabras (sonidos) pueden matar", no en sentido metafórico que utilizamos cuando decimos que la crítica destruye, sino en un sentido que, si no es literal, se acerca peligrosamente a serlo; más adelante regresaré a esta afirmación pero, primero, el contexto.
Desde la antigüedad, las leyendas y metáforas se han utilizado como un medio para transmitir conocimientos; algunas
veces, de forma encubierta; lo que los expertos en comunicación llaman "transmisión cifrada", que consiste en esconder una verdad, o una instrucción dentro de un relato inocente; encontramos ejemplos en obras como las mil y
una noches, en los relatos de las fábulas y cuentos; o en la biblia, de la que se
dice que oculta conocimientos secretos que no deben estar al alcance de todos y
que se pueden interpretar mediante la ayuda de un código secreto; Isaac Newton, a quien recordamos por la ley de la gravedad y el cálculo diferencial, dedicó
más años de su vida a tratar de encontrar este conocimiento oculto en los textos bíblicos que a la física; no era superstición, sino la convicción de que la biblia funcionaba como un código, y que detrás de sus narraciones existía un sistema de conocimientos que alguien, en algún momento, había decidido proteger ocultándolo a simple vista; "el que tenga oídos que oiga", es una frase que se encuentra en los evangelios y el apocalipsis
Dentro de estas
leyendas, algunas hablan sobre magia, encantamientos y hechizos; es algo que siempre me pareció fascinante desde el punto de vista intelectual; y me llevó a preguntarme si pudo haber algo de verdad en estas
historias; ¿tuvieron un origen real, o solo fueron producto de la imaginación?, ¿qué sucede si determinadas palabras pronunciadas de una forma especial afectan, a voluntad, la realidad física; ¿no es este acaso el mismo principio que hay detrás de las
oraciones religiosas, las invocaciones y de los mantras?; palabras especiales, pronunciadas de
cierta forma para solicitar a los Dioses un favor.
También se menciona que este
tipo de conocimiento mal aplicado puede implicar riesgos para quien
quiera ponerlo en práctica; hay textos de la biblia que prohíben realizar invocaciones y consultar adivinos; también recuerdo haber leído sobre un mago francés Eliphas Levi, considerado el creador del ocultismo moderno, quien describe una experiencia personal y advertía de los peligros de estas prácticas.
El monje tibetano, el sacerdote egipcio, el brahmán védico y el rabino cabalista; todos ellos coinciden en que el lenguaje (sonidos), pronunciado bajo condiciones especiales de entonación, intención y contexto, pueden afectar el mundo físico
¿Realidad o superstición?; haciendo a un lado el hecho comprobado de que los sonidos tienen efectos sobre la materia y, volviendo a la afirmación inicial de que "Las palabras pueden matar"; ya hace muchos años, la búsqueda de nuevos conocimientos y la curiosidad sobre este tema me llevaron a protagonizar una situación bastante perturbadora y ahora lo digo por experiencia propia; "hay
ocasiones en que deberíamos mantener la boca cerrada para no meternos en
problemas"
La siguiente historia es real y demuestra el poder que encierran
las palabras, o tal vez los efectos del condicionamiento y la sugestión y, espero que también de
advertencia sobre el cuidado que debemos tener con algunos conocimientos...
Hace tanto tiempo que sucedió esto que… en ocasiones, cuando me acuerdo, he llegado a pensar
que solo fue producto de mi imaginación o que mi memoria ha
distorsionado los hechos en algo que cualquier persona lógica se negaría a
aceptar como real…
Esto sucedió cuando tenía 16 o
17 años; recuerdo que estaba recostado leyendo un libro sobre enigmas y costumbres
del Tíbet, un libro de los que circulaban en aquellos años entre lectores curiosos, no exactamente un texto académico, ni tampoco novela popular, el texto hablaba de costumbres y enigmas tibetanos, especialmente de una práctica que en los monasterios habían cultivado durante años; la ceremonia de
transferencia de consciencia que se realizaban para ayudar a las personas que
se encontraban cerca de la muerte a pasar por este trance de una manera
tranquila y sin dolor alguno; señalaba que en algunos monasterios del Tíbet se
entrenaba durante años a algunos monjes para pronunciar unos sonidos especiales que abrían
el orificio de Brahama en el cuerpo de la persona afectada y permitían escapar
la energía vital sin sentir dolor alguno; guiando al fallecido hacia un renacimiento superior; después de leerlo recuerdo que lo
primero que se me ocurrió fue, como tal vez estén pensando algunos de ustedes; ¡si, si, como no!, ya parece que con solo
pronunciar unas palabras de la forma que dicen, mi alma o mi energía vital se va
a escapar de mi cuerpo; tratando de encontrarle alguna lógica, pensé que solo se trataba de algún proceso sicológico para tranquilizar a las personas que están en esa situación; una forma de sugestión para tranquilizar al agonizante; seguí leyendo las instrucciones que mencionaba el libro sobre la pronunciación y, con total incredulidad, para demostrarme que no pasaría absolutamente nada, sin pensarlo mucho,
pronuncié las palabras que señalaba el libro de la manera indicada; a pesar del tiempo transcurrido, lo que pasó a continuación lo recuerdo con toda claridad; casi de
inmediato empecé a sentir un hormigueo en todo el cuerpo, sentí como si me
desvaneciera y algo que debería permanecer dentro de mí estuviera siendo llevado hacia afuera; después vino una sensación de caída, no hacia el suelo, sino hacia atrás, hacia un abismo; y con ella, un pánico ciego, visceral, el tipo de miedo que sientes cuando reconoces el peligro antes de que la mente pueda procesarlo; salté de la cama y corrí hacia el patio,
en el centro había un deposito con agua en el que metí la cabeza, llené una cubeta y me la vacié encima, al agua fría disminuyó la sensación, pero no la eliminó, no desapareció; ni siquiera el frio del agua en el cuerpo consiguió
eliminarla completamente.
Lo que pasó el resto de aquel
día no lo recuerdo, y en las siguientes semanas es un poco confuso; lo que si recuerdo es que todos los días me la pasaba acostado, adormilado, sin levantarme y con un cansancio
enorme, mi madre me despertaba durante el día para comer algo y apenas si
probaba los alimentos; por ese tiempo mi abuela, con quien había vivido varios
años cuando era pequeño, llegó a visitarnos y en cuanto entró a la habitación y
me vio, se puso a llorar, yo había bajado como 6 kilos de peso en menos de dos
semanas y ella, con el conocimiento que da la edad y el haber visto todo tipo de cosas, le dijo a mi madre que me veía muy mal, y que si no hacían algo me iba
a morir, lo alcancé a escuchar; y recuerdo que mis pensamientos no fueron de miedo, sino de algo más parecido a la tristeza; ¡no voy a conocer a la persona con quien debería compartir mi vida!;
¡no voy a tener la oportunidad de formar una familia, de conocer a mis hijos!; ¡no
voy a volver a ver a familiares ni amigos!; ¿hasta aquí llegó todo?.
Mi abuela y mi madre recurrieron a una curandera, me rociaron con alcohol y gritaron mi nombre con fuerza -un procedimiento que en algunas tradiciones populares de América Latina se utiliza para "llamar el alma" de quien ha sufrido un fuerte susto- y realizaron el ritual completo; y algo funcionó, pues poco a poco recuperé el apetito, el peso y la energía, pero aun cuando me recostaba y cerraba los ojos, la sensación de caída regresaba; esto me afectó todavía como medio año; cuando
me sentí mejor volví a buscar el libro que había originado todo el problema,
pensé en quemarlo para que no fuera a caer en manos de alguno de mis hermanos y
evitar que pudieran pasar por la misma experiencia, lo busqué por todas partes,
entre mis cosas, en el closet, en las maletas, en cada rincón de la casa, pero
no lo encontré; había desaparecido; con el tiempo me olvidé de
él, pero no de la experiencia sufrida.
3 años después,
estábamos desmontando la cama de mi habitación, se la íbamos a pasar a uno de mis
hermanos menores; al estar desarmando la cama vieja, de repente apareció el libro, escondido en una de las piezas en
las que sería muy difícil que alguien lo hubiera encontrado; lo recogí con algo
de miedo y lo guardé sin decir nada; los siguientes días los pasé reuniendo el
valor suficiente para leerlo nuevamente; cuando por fin pude hacerlo, la
primera parte del libro era exactamente como la recordaba, pero algunos
capítulos que estaba seguro de haber leído ya no estaban; la parte donde se
enseñaba a los monjes a controlar su temperatura corporal mediante ejercicios
en los que secaban sábanas mojadas con el calor de su cuerpo había desaparecido;
la parte de una ceremonia donde comían los sesos de un mono, directamente de
su cráneo con una cuchara de plata, como si fuera un helado; tampoco aparecía,
el capítulo que describía como se practicaba la levitación con unas cadenas
atadas al cuerpo, los viajes astrales y otras parecidas no se encontraban por
ninguna parte; tampoco estaban las instrucciones sobre cómo pronunciar las
palabras para liberar la energía vital; ¿Qué fue lo que sucedió?
Todavía hoy, después de
tantos años, sigo preguntándome lo mismo; ¿Qué sucedió?; entiendo que mi mente
buscó protegerse olvidando el lugar donde había escondido el libro, pero lo que
no entiendo es como desapareció lo que según yo había leído; la explicación lógica es que tal vez mi memoria mezcló los recuerdos de otras lecturas pero, recuerdo
que, en su momento, hice una revisión cuidadosa y no tenía ningún libro sobre estos temas, por lo menos no como recuerdo haberlos leído; otra
explicación, por más ilógica que se escuche, sería que realmente una parte de
mi energía vital abandonó mi cuerpo y al regresar haya traído consigo
conocimientos y experiencias desconocidas, en fin, creo que siempre será un misterio.
El tema volvió a mi memoria unos años después, mientras leía una publicación sobre mantras, en la que se advierten los riesgos de una
mala pronunciación de los mismos y señalan que se han dado casos en que quienes
los practican han muerto de manera instantánea debido a una mala pronunciación.
¿Qué fue lo que sucedió, sugestión, condicionamiento
mental?; seguirá siendo un misterio; pero de algo estoy bastante seguro, lo que sentí; los efectos de lo que
hice si fueron reales y, si mi madre y mi abuela no hubieran hecho algo, no
estaría aquí contándolo. La sugestión y el condicionamiento mental pueden
afectarnos físicamente, nos pueden enfermar y, en ocasiones, literalmente,
matar.
Los efectos de la magia, los encantamientos, hechizos, bendiciones y
maldiciones; buena y mala suerte, descansan sobre las mismas bases...; el poder de
una mente condicionada; lo que creemos crea nuestra realidad, y eso, al menos, no es un misterio
En cuanto a las palabras en cuestión, no las escribiré aquí, no porque crea con certeza que son peligrosas, sino porque la probabilidad de que lo sean, aunque pequeña, me parece suficiente razón para callarlas; soy, después de todo, una persona que ha aprendido manera directa a respetar lo que no comprende.
¡Libera tu potencial…!
http://rbb-desarrollo.blogspot.com/2014/01/mente-condicionamiento-y-sugestion-como.html







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