La forma correcta de pedir
Hay una verdad que llega al final del camino, cuando el cuerpo ya no puede más y el horizonte se vuelve recuerdos. La reflexión de una persona en los últimos años de su vida, una verdad que siempre estuvo ahí, esperando a ser escuchada:
Le pedí a la vida un centavo, y eso fue lo que me dio, porque la vida es buena, y siempre te da lo que le pides. Trabajé por un salario de miseria y ahora, al final de mis años, descubro que cualquier precio que le hubiera pedido, la vida me lo hubiera pagado de buena gana.
A lo largo de la vida se presentan innumerables ocasiones en las que pedimos algo, una vida mejor, una casa más grande, un auto nuevo, un mejor ambiente para nuestra familia; y muchas otras cosas, pero, lo pedimos en silencio, lo pedimos a gritos, lo pedimos a Dios, al destino, a la suerte pero, rara vez nos detenemos a preguntarnos; ¿Cómo pedimos, para recibir lo que deseamos?, la mayoría de las veces no lo hacemos de la manera correcta, en ocasiones en lugar de pedir, exigimos, y lo hacemos sin haber hecho antes lo necesario para recibir lo que deseamos; como si el universo tuviera una deuda con nosotros; y esto, casi siempre, trae como consecuencia que no obtengamos lo que pedimos; pero, ¿Qué significa pedir y porqué la mayoría de las ocasiones nos cuesta tanto trabajo hacerlo?, ¿Cuál es la manera correcta de pedir?
La necesidad de pedir nace cuando necesitamos o deseamos algo que por nuestros propios esfuerzos sería difícil de lograr; un buen trabajo, un sueldo justo, gozar de buena salud, un mejor lugar para vivir; mayor atención de nuestra pareja, el apoyo de nuestra familia, un mejor futuro y seguridad para nuestros hijos, etc., es entonces cuando pensamos en pedir.
Pero muchos no lo hacemos, el orgullo nos cierra la boca ante que las palabras puedan salir, porque nos haría ver débiles; ¿pedir yo?, ¡ni pensarlo!, ¡no necesito ayuda!, ¡el que pide ayuda es débil o no puede!, ¡no quiero deberle favores a nadie!; Otras veces no pedimos por miedo al rechazo; ¿y qué hago si me dicen que no?, ¡no quiero dar molestias!, ¡seguro me van a decir que no!, ¡ya lo he intentado y nada!. Y algunas ocasiones, por una baja autoestima; ¡no creo merecerlo!, ¡mejor que quedo como estoy!, ¡no vale la pena intentarlo!, ¡me da vergüenza pedir!, ¡no tengo los méritos suficientes!; ¡sería demasiado para mí!.; Sin embargo, el universo siempre escucha; el problema es que escucha todo, no solo las palabras que pronunciamos, sino también los pensamientos y creencias que alimentamos, las actitudes y hábitos que cultivamos aún sin darnos cuenta; y aquí está la verdad que pocos queremos ver: Todo lo que hemos recibido en la vida, bueno o malo, lo hemos pedido de alguna forma; no siempre de manera consciente, pero lo hemos pedido.
En ocasiones recibimos cosas y situaciones que de pronto ahí están, como si salieran de la nada; nos llegan deudas, problemas, enfermedades que llegaron sin llamar, desilusiones, oportunidades perdidas; y sin embargo; todo lo que llegó, seamos conscientes o no de ello, es porque de alguna forma lo hemos pedido; estamos pidiendo en todo momento, tal vez no lo hacemos de manera directa, pero lo hacemos a través de nuestros pensamientos, actitudes, y palabras; el mismo hecho de no querer pedir, por cualquier razón válida o no, es una declaración de que no confiamos en recibir algo y por eso no lo pedimos. Esto no es un castigo, es una ley, la misma ley que puede transformar nuestra vida si aprendemos a usarla.
Se habla mucho de la ley de la atracción, del poder creador que tienen nuestra mente a través de los pensamientos y creencias en nuestra vida; y es verdad, la mente es el instrumento más poderoso que tenemos para obtener todo lo que deseamos, ya sea de manera consciente o subconsciente, así ha funcionado siempre. Lo que pensamos de manera sostenida, con convicción y con emoción, tiende a convertirse en realidad; así ha funcionado siempre, mucho antes de que alguien le pusiera nombre; deberíamos reflexionar un poco sobre esto; tal vez lo único que necesitamos para obtener lo que deseamos es dominar nuestros pensamientos, mantenerlos fijos en nuestra mente, con fe, en aquello que queremos crear, hasta que se convierta en realidad.
Cada uno de nosotros es el responsable directo de lo que recibe en la vida; imaginemos por un momento a una persona que toma, fuma, se desvela, no hace ejercicio, no se alimenta de manera adecuada, tiene una actitud negativa ante la vida, siempre se está quejando de todo y de todos, no se lleva bien con las personas, no se preocupa por su desarrollo personal y no tiene cuidado al realizar su trabajo?; esta persona, aún sin hacerlo de manera voluntaria y consciente, está exigiéndole a la vida que le traiga problemas, y al final es exactamente lo que recibe, y no fue culpa del destino, la mala suerte, o los demás, fue él mismo.
Reflexionemos sobre las siguientes preguntas; ¿estamos conformes con lo que hemos recibido de la vida hasta ahora?, ¿queremos lograr un cambio positivo en nuestra vida?, ¿queremos un mejor futuro para nuestra familia?, ¿deseamos tener mayor éxito personal y profesional?; y la pregunta más importante de todas, ¿le estamos pidiendo a la vida todo esto de la manera correcta?; si la respuesta es no, aún hay tiempo, la posibilidad está abierta, y quizá es el momento para empezar a pedir de la manera correcta, reconociendo lo expresado anteriormente, que todo lo que recibimos bueno o malo, nosotros somos los únicos responsables de ello.
En el proceso de pedir y lograr lo que deseamos hay que reconocer algo fundamental; no somos islas; vivimos en un mundo de interdependencia, donde todos dependemos de todos, donde los resultados logrados son una combinación de esfuerzos propios y esfuerzos ajenos; y para lograr que nuestra petición sea escuchada debemos solicitarla de la manera correcta.
Perdemos oportunidades; solo conseguimos lo que podemos hasta el límite de nuestras propias capacidades; quienes nos rodean nos perciben como soberbios y arrogantes, en el trabajo vivimos sobrecargados de actividades, porque queremos hacerlo todo nosotros, no tenemos con quién compartir ideas, no logramos conseguir los recursos necesarios ni abrir caminos hacia el éxito personal ni profesional; no construimos vínculos que nos ayuden a crecer; y el resultado final es que difícilmente lograremos lo que deseamos; y cuando no recibimos lo que esperamos nos sentimos defraudados y es casi seguro que culpamos a todos menos a nosotros
En ocasiones, al expresar lo que deseamos no somos específicos, decimos “que calor hace”, esperando que alguien encienda el ventilador; si no somos claros en lo que deseamos el universo tampoco puede serlo en su respuesta.
Otras veces no pedimos; ordenamos y exigimos y esto trae como consecuencia un rechazo casi inmediato, no porque no lo merezcamos, sino porque la manera de pedirlo cierra las puertas antes de que puedan abrirse.
Pero el error más común es que la mayoría de las veces pedimos sin haber creado antes las condiciones para recibir, es decir que queremos recibir sin dar nada a cambio, con el mínimo, o nada de esfuerzo; queremos cosechar sin haber sembrado, deseamos un ascenso sin haber demostrado que lo merecemos
¿Cómo se pide correctamente?
Primero hay que crear las condiciones necesarias para que nuestra petición sea escuchada y aceptada; tener bien claro que vamos a dar a cambio a quien aceptará nuestra petición, cual es la ventaja para ella, porque le interesaría darnos lo que solicitamos; la petición que no ofrece nada a cambio, difícilmente será aceptada.
Si solicitamos un aumento de sueldo, o un mejor puesto en el trabajo, la mejor forma de crear estas condiciones sería llegando siempre a tiempo, haciendo un trabajo excelente, aportando ideas para mejorar los procesos, manteniendo una actitud positiva, apoyando a nuestros compañeros, observando lo que necesitan nuestros clientes internos; manteniendo una actitud que invite a decirnos que sí; hay que considerar que esto no garantiza el resultado, pero elimina todos los pretextos para negarlo.
Si eres joven y quieres que tus padres confíen en ti, que te presten el automóvil, que te den más libertad, la mejor forma de crear las condiciones adecuadas está en tus acciones cotidianas; estudia, mantén tu habitación en orden, no regreses tarde, practica algún deporte, no tomes, no fumes, maneja con cuidado, los hechos hablan más que las palabras; pero normalmente hacemos lo contrario y luego nos molestamos porque no obtenemos lo que pedimos.
Pedir de buena manera
Sin exigir ni ordenar, como ejemplo recordemos como conocimos a nuestra pareja, primero tuvimos que conocerla, saber sus gustos, esforzarnos por agradarle, mostrar lo mejor de nosotros, nos tomó tiempo, atenciones, conversaciones, detalles; inclusive llegamos a cambiar algunas cosas de nuestra forma de ser con tal de agradarle y lograr su aceptación; entonces, ya conocemos la respuesta, hay que poner la misma dedicación cuando vamos a pedir algo.
Sentir que merecemos lo que pedimos
Sin esta convicción no vamos a tener la seguridad para pedir lo que deseamos, debemos creer de corazón que lo que pedimos es justo, que hemos trabajado para ello y que lo podemos recibir, esta seguridad nace de las acciones realizadas previamente, cuando se han creado las condiciones necesarias para recibir lo que pedimos; de esta manera la confianza llega sola; es la recompensa natural
Aceptar negativas
Entender que aun cumpliendo con todo lo anterior puede haber una negativa, el universo a veces tiene otros planes; y un "no", no significa que no merecemos lo solicitado, significa que hay otro camino, otra puerta, otro momento; el "no", abre siempre el paso a una negociación, y la negociación bien llevada abre nuevas posibilidades.
¡En resumen, para recibir, primero hay que dar…!
No hay nada que pueda cambiar nuestro pasado, las decisiones tomadas nos han llevado hasta este momento de nuestra vida; pero el futuro tiene una infinidad de posibilidades que podemos seguir; la elección dependerá siempre del objetivo al que deseamos llegar y de las decisiones que vayamos tomando, por eso es tan importante tenerlo bien definido, después de eso, los caminos se reducen.






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